Este fin de semana seremos millones quienes participaremos como cada año en el Día del Patrimonio Cultural: visitas a edificios históricos, muestras artísticas, talleres, oficios tradicionales, juegos, recorridos barriales, saberes populares, son parte de las múltiples expresiones culturales que se desplegarán a lo largo de todo Chile. En 2025 convocó a más de 3,5 millones de personas en actividades presenciales y virtuales.

La magnitud y el alcance de esta celebración evidencian que el patrimonio cultural constituye un componente fundamental de nuestra identidad como país, un espacio en el que las personas nos reconocemos, encontramos y podemos sentirnos parte de una historia común. Al mismo tiempo, la diversidad de actividades demuestra que el patrimonio no es algo estático, sino una construcción viva, dinámica y profundamente vinculada a las personas y comunidades que lo constituyen día a día.

Es un orgullo constatar como el Día del Patrimonio se ha consolidado como la principal fiesta cultural del país. Lo que comenzó hace más de 25 años como una iniciativa impulsada principalmente por grandes instituciones públicas que abrían las puertas de edificios históricos a la ciudadanía, hoy se ha transformado en un fenómeno protagonizado por distintas comunidades a lo largo de todo Chile. No es casual que el año pasado más de 1.600 organizaciones públicas, privadas y sociales participaron en esta celebración, alcanzando al 90,8% de las comunas del país. Esta transversalidad nos invita a reflexionar sobre el verdadero alcance que tiene el patrimonio en nuestro desarrollo.

Los recursos patrimoniales —naturales, materiales e inmateriales— no solo generan encuentro, cohesión social y fortalecimiento identitario, también pueden convertirse en activos estratégicos para dinamizar economías locales, fortalecer el turismo sostenible, proteger entornos naturales y mejorar la calidad de vida de las comunidades. En muchos sectores rurales y localidades apartadas, con altos índices de pobreza y rezago en múltiples ámbitos, el patrimonio presente en sus territorios que han cuidado y preservado, constituye uno de los principales recursos disponibles para impulsar procesos de desarrollo.

Durante 30 años, desde la Fundación Superación de la Pobreza y el programa Servicio País, hemos sido testigos privilegiados del patrimonio social de Chile y desde nuestras posibilidades hemos contribuido a fortalecer estos activos patrimoniales presentes a lo largo del país. Experiencias vinculadas a la ganadería camélida en el norte, el rescate de la identidad del pueblo chango, la puesta en valor del patrimonio vitivinícola de la zona centro-sur o el impulso de la artesanía en mimbre, cuelcha, crin, entre muchas otras actividades que han acompañado a nuestra sociedad desde siempre, muestran cómo el patrimonio puede transformarse en una herramienta concreta de desarrollo social y económico, fortalecimiento comunitario y generación de oportunidades para localidades históricamente postergadas.

Como testigos privilegiados es que creemos que los patrimonios con los que cuenta Chile pueden y deben incorporarse en el diseño de las políticas públicas de desarrollo económico y social, educación, planificación territorial, medio ambiente, porque reconocer su valor estratégico implica asumir que su cuidado, fortalecimiento y su activación no solo porque resguardan nuestras tradiciones, nuestra memoria colectiva, sino porque también abren oportunidades concretas para el mayor bienestar de los territorios y sus comunidades.

Por Catalina Littin, directora ejecutiva de Fundación Superación de la Pobreza – Servicio País.

Carlos Valenzuela Comunicaciones

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